Caricatura en Última Hora de Pau A. Monserrat (agosto 2026)
Pau A Monserrat Valenti No hay comentarios

Última Hora me ha entrevistado en su peculiar sección LO QUE USTED ME DIGA del martes 25 de agosto de 2026. Bajo el título “Mallorca padece las consecuencias negativas de su propio éxito” respondo a la curiosa entrevista, accesible en pdf en este enlace.

A continuación podrás leer la entrevista completa, la versión ampliada.

¿Por qué los Baleares hemos pasado de estar entre los más ricos de España a tener tantas dificultades para llegar a fin de mes?

Yo matizaría primero la premisa. Según el INE, Baleares no está entre las comunidades con mayor pobreza ni con más personas que llegan a fin de mes con “mucha dificultad”. Sin embargo, sí existe una evidente pérdida relativa de bienestar y una distancia creciente entre la riqueza que genera nuestra economía y la que perciben muchas familias.

La explicación está en nuestro modelo productivo. Tenemos una industria turística muy potente, pero también una economía intensiva en mano de obra, estacional y con muchos puestos de trabajo de cualificación y valor añadido medios. Como existe mucha oferta de trabajadores capaces de desempeñar estas ocupaciones, los salarios tienden a contenerse. En 2024, el salario medio anual en Baleares fue de 28.562 euros, frente a los 29.540 euros nacionales.

A ello se suma una vivienda extraordinariamente cara. El CES calcula que una familia balear necesitaría 60,8 años destinando el 30% de sus ingresos para comprar una vivienda, frente a los 29,7 años de la media española. Por eso tenemos personas que trabajan, incluso muchas horas, pero cuyos salarios no les permiten vivir con tranquilidad.

Producimos mucha riqueza, pero no siempre se distribuye adecuadamente ni se traduce en bienestar para los residentes.

¿Tiene solución?

Solución tiene que tener, pero no será rápida ni sencilla. Lo primero es evitar un planteamiento equivocado: no debemos sustituir el turismo. Somos una potencia turística mundial y debemos cuidar, mejorar y proteger esa industria. Lo que necesitamos es elevar su valor añadido y, al mismo tiempo, conseguir que nuestra economía no dependa casi exclusivamente de ella.

Baleares debe atraer empresas tecnológicas, biotecnológicas, industriales, científicas y vinculadas a la economía del mar. También podemos aprovechar el conocimiento acumulado por nuestras empresas turísticas para desarrollar tecnología y servicios avanzados que puedan exportarse a otros destinos. No se trata solo de traer empresas desde fuera, sino de crear las condiciones para que los proyectos nacidos aquí puedan crecer sin tener que marcharse.

Para lograrlo necesitamos formación especializada, investigación, financiación, infraestructuras, vivienda asequible y seguridad jurídica.

Una empresa innovadora difícilmente se instalará en Baleares si sus trabajadores no pueden encontrar dónde vivir. La diversificación no consiste en elaborar otro estudio, sino en construir un entorno económico que genere empleos más productivos y mejor remunerados. El objetivo debe ser que una mayor parte de la riqueza creada permanezca en las islas y llegue a quienes viven y trabajan en ellas.

¿Cree que se aplicará su propuesta?

A corto plazo soy más bien escéptico. Hace décadas que hablamos de diversificar la economía balear, pero demasiado a menudo el debate termina en declaraciones, planes o estudios que después quedan guardados en un cajón. Transformar una estructura productiva exige mucho más que una legislatura y no puede depender del partido político que gobierne en cada momento.

Necesitamos un verdadero consenso entre administraciones, empresarios, universidades, profesionales, trabajadores y sociedad civil. También hace falta atraer capital dispuesto a invertir a largo plazo y ofrecer unas condiciones competitivas. Eso supone disponer de talento, infraestructuras, suelo adecuado, financiación, vivienda y reglas estables.

Baleares tiene grandes ventajas: calidad de vida, conexiones internacionales, conocimiento turístico y capacidad para atraer personas y capital. Pero esas ventajas no producen por sí solas una economía diversificada. Soy escéptico porque todavía no percibo ese compromiso colectivo y sostenido. Al mismo tiempo, no podemos utilizar el escepticismo como excusa.

Cada uno, desde su ámbito, debe aportar su granito de arena para que la diversificación deje de ser un eslogan y se convierta en una estrategia económica real.

¿Cuál es la noticia económica que más le ha sorprendido y que nunca pensó que se llegaría a producir?

Podría escoger muchas, pero me quedaría con una bastante técnica y profundamente paradójica: que llegáramos a vivir durante varios años con tipos de interés negativos. En junio de 2014, el Banco Central Europeo situó por primera vez en negativo la facilidad de depósito. Posteriormente, el euríbor a doce meses entró en terreno negativo en 2016 y llegó a alcanzar un mínimo mensual del -0,505% en enero de 2021.

En Economía Financiera enseñamos que quien pide dinero prestado paga un interés a quien se lo presta. Durante aquel periodo llegamos a ver exactamente lo contrario. En algunas hipotecas variables con diferenciales muy reducidos, la suma del euríbor y el diferencial contractual daba como resultado un tipo negativo.

Hubo discrepancias jurídicas y resistencia por parte de las entidades, pero en determinados préstamos se amortizaba una cantidad de capital superior a la mensualidad abonada. En términos económicos, el banco estaba remunerando al prestatario.

Como profesor de Economía Financiera, nunca pensé que tendría que explicar en clase que pedir dinero prestado podía llegar a tener una remuneración positiva.

Fue una anomalía monetaria extraordinaria y una demostración de que la realidad económica puede superar escenarios que antes considerábamos prácticamente imposibles.

Como economista, haga autocrítica: ¿por qué no pueden predecir las crisis?

Porque la economía es una ciencia social, no una ciencia exacta ni experimenta en un laboratorio.

Aplicamos el método científico y trabajamos con datos, pero no podemos aislar las variables, repetir los experimentos ni conocer todas las relaciones que existen entre millones de decisiones individuales.

Hay un factor humano impredecible, además de decisiones políticas, conflictos internacionales, innovaciones tecnológicas y cambios en las expectativas.

También ocurre que nuestros modelos se construyen utilizando datos del pasado, mientras que una crisis aparece precisamente cuando se rompen las relaciones que hasta entonces parecían estables. Además, las propias previsiones pueden modificar el comportamiento de las personas, de las empresas y de los gobiernos.

La autocrítica que debemos hacer es que, en ocasiones, los economistas nos enamoramos de nuestros modelos y transmitimos una falsa sensación de precisión. Podemos detectar endeudamiento excesivo, burbujas, desequilibrios financieros o riesgos geopolíticos, pero resulta mucho más difícil anticipar el detonante, la fecha y la intensidad de una crisis. Siempre habrá algún analista que acierte, pero una predicción aislada no significa que exista una capacidad científica y colectiva para predecirla. Nuestro trabajo es elaborar escenarios y advertir de los riesgos, no ejercer de adivinos.

¿Mallorca morirá de éxito?

En cierta medida, Mallorca ya está padeciendo las consecuencias de su propio éxito. Haber creado una industria turística de masas capaz de competir internacionalmente fue un enorme logro económico. En 2024, Baleares recibió 18,7 millones de turistas, frente a una población residente de poco más de 1,23 millones, y el gasto turístico superó los 22.000 millones de euros.

El problema aparece cuando el crecimiento del número de visitantes y del gasto turístico no se traduce proporcionalmente en mejores condiciones de vida para la población. Tenemos los alquileres más elevados de España, enormes dificultades de acceso a la vivienda y una presión creciente sobre el territorio, el agua, la movilidad y los servicios públicos. Mientras tanto, una parte de nuestros trabajadores necesita dedicar una proporción excesiva de su sueldo a pagar una vivienda.

Mallorca morirá de éxito si medimos ese éxito exclusivamente por los récords de visitantes, pernoctaciones o gasto, mientras los residentes pierden calidad de vida.

Pero no es un destino inevitable. Podemos gestionar mejor los límites, aumentar el valor añadido del turismo y diversificar la economía. El verdadero éxito no consiste en recibir cada año más turistas, sino en conseguir que el turismo permita vivir mejor a quienes habitan estas islas.

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